Ya he llegado al punto más álgido de mi vida y ahora todo vendrá cuesta abajo, lo sé. Se supone que ya he de haber consolidado los cojines de plumas que permitirán que tras la vertiginosa rampa por la que he empezado a caer, se amortigüe el gran salto final: la vejez.
Se supone que ya he de haber amado y me han de haber amado. Que he sentido, viajado, vivido, crecido... Se supone que al mirar atrás he de sentirme plena y orgullosa, ...se supone. Que estoy en la plenitud de mi vida y que mis arrugas son de haber sonreído, de haberme preocupado por los míos. Que mi cuerpo no se esta marchitando, sino que evoluciona como un buen vino. Que las canas que asoman entre mi pelo oscuro son hilos de plata y que todo esto es maravilloso. JA! Y una mierda!!
Miro atrás y hay muy pocas cosas de las que estoy orgullosa. Principalmente de haber sido madre. Luego de mi familia, de mi trabajo... Porque aunque haya quién piense lo contrario, sé que soy buena madre, buena trabajadora y buena “familia”. Cómo también sé que soy buena esposa, le pese a quien le pese y le joda a quien lo joda . Aunque alguno no lo entienda, lo soy. Y también sé que he sido buena amiga de mis -pocos- amigos. En resumen: me considero buena gente, sin ninguna falsa modestia. Aunque eso no me haya valido para nada.
Y que mis arrugas no son de sonreír sino de llorar. He llorado tanto, tanto en mi vida, que aún no sé cómo puedo seguir haciéndolo. Que hasta una canción, o un anuncio de televisión empañan mis ojos, joder!
Que mi cuerpo cambia día a día, lo sé y casi no pongo remedio para evitarlo. Debe ser por esta maldita ansiedad que me empuja continuamente a comer y comer, dulce o salado, no importa: debo rellenar los espacios vacíos que siento en el centro de mi estómago.
Pero resulta que aunque los sienta ahí, sé que los vacíos no son físicos, sino que están en mi alma. Pero como no se dónde coño está el alma, ni como coño consolarla, como.
Que es depresión, quizá. No tengo confirmación médica. Pero como leí en el “face” días atrás: “antes de diagnosticarte de depresión o baja autoestima, asegúrate de no estar rodeado de gilipollas”. Y no puedo asegurar que no este rodeada de ellos. No puedo porque casi no me rodea nadie. No tengo verdaderos amigos cerca, desde hace años. Y cada vez veo menos a mi familia, que por cierto, bastante tienen con lo suyo como para ir añadiéndoles yo de lo mío...
Si que hago por salir y conocer gente, porque no me gusta mucho estar sola, solo cuándo yo lo elijo. Pero cómo le voy a ir contando a nadie por ahí, en plan peli americana de grupo de autoayuda “Hola soy Rosa, tengo 46 años y me estoy haciendo vieja, y no me gusta. Ah! Y últimamente me duele mucho el alma”.
Al contrario, intento dar otra imagen de mi: todos me ven como la que siempre tiene ideas nuevas y locas, la que siempre ríe, la simpática, la alocada. La que siempre esta dispuesta para hacer nuevas cosas. Dios! Si supieran...
Y lo peor vendrá de ahora en adelante, porque sé que tras el gran salto final, no habrán cojines de plumas esperándome. Solo habrán duras piedras y el suelo frío. Y nadie para consolarme el dolor de los golpes.
Ea..., paciencia.


No hay comentarios:
Publicar un comentario