miércoles, 7 de agosto de 2013

200 palabras.... te quiero.


200 palabras. Ni una más ni una menos. Y en esa parrafada solo decir cosas buenas, ni un solo lamento. Ahí van. Venga que las cuento:

“Sonrisas, besos y abrazos. Caricias, guiños, cosquillas y bocaditos salados. Helados para romper el hielo. Unas cervezas  en un hermoso lugar, frente a las puertas del tiempo

Dulces melodías, atardeceres rojos y soles y lunas y estrellas que no falten en mi cuento.

Miradas, suspiros, susurros, gemidos, y ¿por qué no? : lametazos en el cuello

Tú, yo, un paseo, la brisa de la noche, nuestras manos unidas y mil “te quieros”

El silencio, la oscuridad, los ascensores y tus manos en mi cuerpo.

Unas risas alocadas, preludio de lo que viene luego…

Una ducha juntos, miradas en el espejo… “Te deseo”

(128 llevo  y esto que sube de tono… lo siento!)


Tus labios, mis pechos. Tu lengua, mi sexo… Tus dedos que se cruzan entre mis dedos.

Sábanas blancas, calor en el cuerpo. Retiras mi pelo,  besas mi cuello. Sonrío, sonríes. Me haces sentir tranquila. Tiemblo.

Sin prisa, tenemos mucho tiempo.

… espérame.

-Te quiero.

 Di mi nombre en ése momento.

“Rosa… Rosa…”

Tocamos juntos el cielo, Amor.

Somos el universo entero"
 
 


martes, 9 de octubre de 2012

200 palabras. La Noche Encendida...

La primera vez que la vi fue una mañana a finales de un caluroso mes de mayo.  Andaba yo jugando a mi juego preferido “coge piedrecilla con la boca, escupe piedrecilla con la boca”, ser pez es lo que tiene, no da para muchos juegos más.

Nada más verla me enamoré...

Entró cautelosa en el agua, aún fría. La vi entre los reflejos del sol en el mar: mi sirena con piernas... Era una diosa! En cuanto ella se tumbaba en el agua para empezar a nadar yo me ponía a su lado y, disimuladamente, le rozaba el muslo. Pasamos así muchos días. Yo era tan feliz cuando la veía llegar!. Cuando se acercaba a mi, cuándo se tumbaba  a mi lado y nadábamos juntos. Soy pez, yo no necesitaba más que eso: nadar con ella. Bueno, eso y rozarle disimuladamente en la pierna o en el brazo (ser un pez es lo que tiene, un simple roce nos basta)

Enamorarme de una sirena con piernas! Quién me lo iba a decir!!... 

El día que ella me tomó entre sus manos para acercarme a su cara fui el pez más feliz del mundo. Mi Sirena. Nunca sabrá cuanto la amo.








miércoles, 3 de octubre de 2012

Cuando te encuentras un poema así, no puedes más que agradecer que todavía hayan hombres tan especiales en el mundo...


Te dije hoy que te quiero?
...pues en los sueños que tengo, te lo digo siempre.

Es en esos momentos, en el silencio de la noche
cuando te siento más mía:
tu cabeza en mi pecho apoyada,  hace la noche mas hermosa del universo.
tus ojos, silenciosos y brillantes, me hablan de amor.
Tus brazos rodeando mi cuerpo desnudo,
deseoso de tus caricias
mis labios, húmedos,  ardiendo de dolor anhelando besar los tuyos

Rozamos nuestros labios
y nuestras miradas se dicen lo que solo tu y yo sabemos...
 
Y le pido al tiempo que se detenga.
Y a la luna mía que no me deje, que quiero de seguir soñando!
Y aunque sé que ese sueño algún día se hará realidad,
 mientras tanto
... ¿te dije hoy que te quiero?


jueves, 20 de septiembre de 2012

Mi vida, mis recuerdos. Yo. (1)

Las primeras cosas que recuerdo, forzando mucho mi mente, son olores: el olor al tostadero de café cuándo nos acercábamos a la casa de mi abuela, el olor  mareante  de los taxis de Barcelona, el olor cuándo entrábamos en la bocana del metro a primera hora del día. El olor que subía del sumidero del patio de mi abuela, el olor de los Bisontes que fumaba mi padre. El olor del colegio cuándo entrábamos el lunes por la mañana,...
 
Todas estas olores son recuerdos vividos de cuándo tenia unos cuatro o cinco añitos, más no y juraría que menos tampoco.
Vienen a mi acompañados de visiones en blanco y negro: mi abuela siempre con sus delantales grisáceos y su negro cabello cubriéndose de canas.  La boina negra de mi abuelo que siempre acababa cual corona en mi cabeza, la de la reina de la casa. El horizonte de las vistas de la terraza de mi abuela,  orientada hacia mi infinito: a la derecha un trocito de mar y la cúpula de la Iglesia Mayor, a la izquierda La Meridiana. Las golondrinas  (o vencejos... no he sabido nunca distinguirlas) que cruzaban chillando el cielo cuándo tumbada en el suelo miraba hacia arriba entre la ropa colgada. La baranda gris de hormigón del patio de casa de los yayos, dónde todos y cada uno de sus nietos y algunos de sus bisnietos  hemos encallado la cabeza al meterla entre dos columnas intentando mirar abajo, a la calle Sócrates, a  la gente de la calle que desde allí parecían hormigas. El blanco de la cal que cubría las paredes de ese patio “la galería” y que se nos pegaba en la ropa cada vez que nos acercábamos a ellas...

Grises y anaranjados, pero no tristes.
Lejanos y calmos. Melancólicos y acogedores.
 
 
 
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     Mi madre nos llevaba a la casa de sus padres cada mañana. Corriendo, casi en volandas, cuándo aún no era ni de día y como dice la sevillana:  “ y el frío más te calaba”. Yo a su lado, sin separarme de ella, cómo si fuese un apéndice más de su cuerpo, intentando seguir sus pasos. Siempre en silencio. Me recuerdo como una niña silenciosa, todo todo todo lo vivía en mi mente, yo tenía  una gran vida interior, muy rica; - y sigo teniendo ese mundo dentro de mi...-  Mi hermana en sus brazos, porque era tan chiquitina que era imposible que nos pudiese seguir el ritmo. El olor del café tostado nos invadía en cuánto alcanzábamos la calle Concepción Arenal. Es olor, me daba algo de calor. Por aquél entonces yo no sabía que provenía de un tostadero de café. Para mi era la olor de la cercanía de la casa de los yayos, en el  barrio de San Andrés.
Subíamos al cuarto piso de un bloque antiguo, iluminado con tristes bombillas de color sepia, sin ascensor y con un “Principal” pintado en caligrafía negra a pincel de brocha gorda , y allí nos quedábamos mientras ella se iba a trabajar.
Mi abuela nos esperaba con su bata de andar  por casa, aún despeinada y mirando desde arriba, desde su rellano, con los brazos cruzados sobre la baranda. Poco a poco íbamos subiendo. Al llegar arriba, la sonrisa, el beso y a dormir un ratito más. A veces mi abuelo ya se había ido a trabajar y entonces nos metía en la cama con ella y nos daba el calor que habíamos perdido en el trayecto desde Horta.
Tengo el recuerdo haber dormido en una cama supletoria, con un colchón de muelles que chirriaba a cada suspiro que se daba. Entonces, para no molestar,  me quedaba quieta, muy quieta. Supongo que serían los días que por cambio de turno mi abuelo trabajaba de noche y al llegar nosotras él aún dormía. Allí, en aquél catre bajo la ventana que había en su habitación, recuerdo muchos ratos despiertos mirando hacia arriba,  a la mesita de noche de mi abuelo, esperando a que mi abuela, en susurros, me llamara para poder salir de la cama. Y allí, sobre la mesilla de noche de mi abuelo, junto al despertador de campana y su odioso tic-tac, la loción del “Tío del Bigote”  y el vaso de agua, a veces  había un bote de cristal de Vicks-vapor-up. A través de aquel botecillo, se reflejaba la luz que entraba por las rendijas de la persiana y se transformaba en un color  mágico, azul oscuro, casi morado: el color más maravilloso que hay en el mundo. Desde entonces siempre ha sido mi color preferido, el color más bonito del mundo mundial!
 


 

domingo, 2 de septiembre de 2012

El secreto esta en dar.


Puede que si, que no sea más que intentar ser  cortes -que no hipócrita-, pero desear felicidad a la gente es algo que últimamente hago mucho.

Y no es que me falten problemas: tengo para dar y regalar, como todos en estos tiempos: económicos, familiares, laborales. Hasta de salud, que la semana que viene tengo cita con un cirujano para operarme…. (nada importante, no sufráis) Pero dentro de mí me siento bien: tranquila, serena, plena.

Mi risa ha cambiado, noto que suena realmente alegre. Me rio por cualquier cosa. A veces voy por la calle, recuerdo algo y se me escapa una carcajada, que más de una vez he de disimular como si fuera un golpe de tos…. Solo faltaría que a estas alturas me tomaran por loca….

Aunque raro es el día, bueno mejor dicho la noche,  en el que también  no derrame alguna lágrima.  Cómo se nota la vena geminiana…. Rio y lloro, dia y noche,  y consigo un perfecto equilibrio!

Pero cuando maquillo mis ojos, la mirada que me devuelve el espejo es de complicidad: esta cara mía,  ya madura,  me mira, me guiña un ojo y me dice: “tonta, no le des más vueltas, VIVE!!!”  y me sonríe. Este si que es un espejo mágico y no el de la madrasta de Blancanieves…. Jejejeje.

Debe ser eso: que al desear felicidad,  la gente me devuelva el mismo deseo y algo se cumple.  Pruébalo. Da, desea cosas buenas, vive en positivo y verás que algo vuelve.  Es como un hechizo, pero  este te aseguro que funciona 
 

 

 

 

 

martes, 21 de agosto de 2012

Verano, Me gusta!


Que malo es el verano y la calor para la literatura…. No inspiran.

El otoño con sus tonos de oro, con las hojas muertas,  con la melancolía y su tristeza. Y  el invierno frio y solitario, con los copos de nieve cayendo y las ausencias.  Y  la primavera: ansiosa de pasiones, con golondrinas que vuelven a tu balcón, con el renacer de la vida…. Esas estaciones si que  dan tema. Pero el verano…

El verano tiene alegría, y la alegría como que no es buena musa. Siempre inspira más un desamor, una tristeza.  Si os fijáis el verano tiene “la canción del verano” ,”el amor del verano”  las “vacaciones de verano”  pero muy poca poesía.

Y sin embargo cuanto  romanticismo le encuentro yo  al verano: esas parejas en la playa,  cuando el chico acaricia a su amada mientras le pone crema de una manera demasiado lenta… Los besos cómplices sobre las toallas. Los abrazos en el agua del mar, que incitan a actos casi “pecaminosos”. Los cuerpos calientes de sol y mojados de gotitas de brillo de mar.  Los amaneceres y los atardeceres luminosos de agosto. Los paseos frente a las terrazas, los helados lamidos compartidos, con choques de lenguas avainilladas. Los tintineos de los cubitos de hielo  en los refrescos, que nos hacen pensar en frías y  lujuriosas caricias.

Hummmmm. SI,  realmente el verano para mi es la época más romántica del año.

Claro que quizá la palabra no sea romántica sino sensual (del latin: sensualis. Perteneciente a los sentidos)  A los 5…  que en verano se agudizan todos,  desde la vista hasta el tacto.

Vale, de acuerdo.  la cambio: el verano para mi es la época más sensual del año



PD: si va a tener razón mi madre y va a resultar que a mi edad me estoy volviendo “verdosa” jajajajaja

viernes, 22 de junio de 2012

Apalabrada

La vida no deja de ser curiosa. Cuándo crees que lo tienes todo controlado, que ya sabes de que va el tema, va y te ofrece un nuevo crucigrama...

Y empiezas a recuperar y a utilizar palabras perdidas en el olvido desde hace años...

Como en el juego de las letras cruzadas: yo escribo por fin  GRACIAS y ella me cruza la C con un CONTINÚA (que te queda mucho aún que vivir!! ) Con esa alegría con la que me habla la vida cuando esta de buenas conmigo. Y triple tanto de letra y puntos extra para ella...


Y resulta que todos esos pdf  que recibo por mail  que me miro con más cumplimiento que ganas, y que me machacan a frases ZEN del tipo “lo que das lo recibes multiplicado”, y que “la gente buena toca el cielo”, y que “es mejor dar que recibir”,  pues resulta que tienen razón...

Si.... no deja de ser curiosa la vida...