Puede que si, que no sea más que
intentar ser cortes -que no hipócrita-,
pero desear felicidad a la gente es algo que últimamente hago mucho.
Y no es que me falten problemas:
tengo para dar y regalar, como todos en estos tiempos: económicos, familiares,
laborales. Hasta de salud, que la semana que viene tengo cita con un cirujano
para operarme…. (nada importante, no sufráis) Pero dentro de mí me siento bien: tranquila, serena, plena.
Mi risa ha cambiado, noto que
suena realmente alegre. Me rio por cualquier cosa. A veces voy por la calle, recuerdo
algo y se me escapa una carcajada, que más de una vez he de disimular como si
fuera un golpe de tos…. Solo faltaría que a estas alturas me tomaran por loca….
Aunque raro es el día, bueno
mejor dicho la noche, en el que también no derrame alguna lágrima. Cómo se
nota la vena geminiana…. Rio y lloro, dia y noche, y consigo un perfecto equilibrio!
Pero cuando maquillo mis ojos, la
mirada que me devuelve el espejo es de complicidad: esta cara mía, ya madura, me mira, me guiña un ojo y me dice: “tonta, no le des más vueltas, VIVE!!!” y me sonríe. Este si que es un espejo mágico y no el de la madrasta
de Blancanieves…. Jejejeje.
Debe ser eso: que al desear
felicidad, la gente me devuelva el mismo
deseo y algo se cumple. Pruébalo. Da,
desea cosas buenas, vive en positivo y verás que algo vuelve. Es como un hechizo, pero este te aseguro que funciona.

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