Las primeras
cosas que recuerdo, forzando mucho mi mente, son olores: el olor al tostadero
de café cuándo nos acercábamos a la casa de mi abuela, el olor mareante de los taxis de
Barcelona, el olor cuándo entrábamos en la bocana del metro a primera hora del día.
El olor que subía del sumidero del patio de mi abuela, el olor de los Bisontes
que fumaba mi padre. El olor del colegio cuándo entrábamos el lunes por la
mañana,...
Todas estas olores son recuerdos vividos
de cuándo tenia unos cuatro o cinco añitos, más no y juraría que menos tampoco.
Vienen a mi acompañados de visiones en
blanco y negro: mi abuela siempre con sus delantales grisáceos y su negro cabello
cubriéndose de canas. La boina negra de
mi abuelo que siempre acababa cual corona en mi cabeza, la de la reina de la
casa. El horizonte de las vistas de la terraza de mi abuela, orientada hacia mi infinito: a la derecha un
trocito de mar y la cúpula de la Iglesia Mayor, a la izquierda La Meridiana. Las golondrinas (o vencejos... no he sabido nunca distinguirlas)
que cruzaban chillando el cielo cuándo tumbada en el suelo miraba hacia arriba entre la
ropa colgada. La baranda gris de hormigón del patio de casa de los yayos,
dónde todos y cada uno de sus nietos y algunos de sus bisnietos hemos encallado la cabeza al meterla entre dos
columnas intentando mirar abajo, a la calle Sócrates, a la gente de la calle que desde allí parecían
hormigas. El blanco de la cal que cubría las paredes de ese patio “la galería”
y que se nos pegaba en la ropa cada vez que nos acercábamos a ellas...
Lejanos y calmos. Melancólicos y acogedores.
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Mi madre nos llevaba a la casa de sus
padres cada mañana. Corriendo, casi en volandas, cuándo aún no era ni de día y
como dice la sevillana: “ y el frío más
te calaba”. Yo a su lado, sin separarme de ella, cómo si fuese un apéndice más
de su cuerpo, intentando seguir sus pasos. Siempre en silencio. Me recuerdo
como una niña silenciosa, todo todo todo lo vivía en mi mente, yo tenía una gran vida interior, muy rica; - y sigo
teniendo ese mundo dentro de mi...- Mi
hermana en sus brazos, porque era tan chiquitina que era imposible que nos
pudiese seguir el ritmo. El olor del café tostado nos invadía en cuánto
alcanzábamos la calle Concepción Arenal. Es olor, me daba algo de calor. Por
aquél entonces yo no sabía que provenía de un tostadero de café. Para mi era la
olor de la cercanía de la casa de los yayos, en el barrio de San Andrés.
Subíamos al cuarto piso de un bloque
antiguo, iluminado con tristes bombillas de color sepia, sin ascensor y con un “Principal”
pintado en caligrafía negra a pincel de brocha gorda , y allí nos quedábamos
mientras ella se iba a trabajar.
Mi abuela nos esperaba con su bata de andar
por casa, aún despeinada y mirando desde
arriba, desde su rellano, con los brazos cruzados sobre la baranda. Poco a poco
íbamos subiendo. Al llegar arriba, la sonrisa, el beso y a dormir un ratito
más. A veces mi abuelo ya se había ido a trabajar y entonces nos metía en la
cama con ella y nos daba el calor que habíamos perdido en el trayecto desde
Horta.
Tengo el recuerdo haber dormido en una
cama supletoria, con un colchón de muelles que chirriaba a cada suspiro que se
daba. Entonces, para no molestar, me
quedaba quieta, muy quieta. Supongo que serían los días que por cambio de turno
mi abuelo trabajaba de noche y al llegar nosotras él aún dormía. Allí, en aquél
catre bajo la ventana que había en su habitación, recuerdo muchos ratos
despiertos mirando hacia arriba, a la
mesita de noche de mi abuelo, esperando a que mi abuela, en susurros, me
llamara para poder salir de la cama. Y allí, sobre la mesilla de noche de mi
abuelo, junto al despertador de campana y su odioso tic-tac, la loción del “Tío
del Bigote” y el vaso de agua, a
veces había un bote de cristal de
Vicks-vapor-up. A través de aquel botecillo, se reflejaba la luz que entraba
por las rendijas de la persiana y se transformaba en un color mágico, azul oscuro, casi morado: el color
más maravilloso que hay en el mundo. Desde entonces siempre ha sido mi color
preferido, el color más bonito del mundo mundial!


