martes, 6 de septiembre de 2011

A mi padre.

Dentro de pocos días, hará doce años que falta mi padre. Murió la víspera del día de la Mercè. Hubo quien dijo que su madre vino a buscarlo (se llamaba Mercedes).  La cuestión es que hacía tiempo que él quería irse y la realidad fue que su hígado ya no podía más.

Le echo de menos.

En cada ocasión especial de mi vida le busco en mi recuerdo. Cuándo sé que alguno de los míos no está al cien por cien, pido en mis oraciones que le de fuerza desde dónde esté. Cuánto más vieja me hago, más vivo es lo vivido y más recuerdo mi infancia a su lado.  Tanto lo añoro, que son muchas las noches en que en mis sueños le tengo a mi lado, sonriéndome. Aunque no forme parte del sueño, aunque no venga a cuento, él viene a saludarme.

Quizá le he mitificado (suele pasar con los ausentes), pero sé que le hubiera gustado mucho vivir las alegrías que hemos tenido  -pocas-  , y estar ahí en las miles de  tristezas que nos agobian. 

Así que, pápa (así: con acento en la primera A, aunque esté mal escrito): me gustaría tanto  tener cara a cara contigo esta conversación que nos quedó pendiente...  te explicaría el resultado nuestras últimas charlas,

...que te fallé en la promesa de mantener siempre juntos a mis hermanos. Son tan diferentes y tan iguales que, como los imanes, “se repelen”. Y aunque en el fondo sé que se quieren y se necesitan, en el día a día no pueden estar juntos más de media hora sin morderse la lengua o el uno o la otra. Tienen tanto que soltarse que si lo hicieran romperían su unión. E inteligentes como son,  alternativamente van callando: hoy yo y mañana tu. Con frialdad en los ojos y ternura en el corazón. Joder! No sé como te lo hacías, pero solo recuerdo risas entre nosotros cuándo tu estabas: partidas de cartas, juegos de magia, chistes malos...  hasta en los peores momentos estaban juntos los dos: parecían más madre e hijo que hermanos. No recuerdo que ellos dos fueran así mientras tu estuviste aquí.
Claro, que les ha cambiado tanto la vida desde entonces....



Con la máma también te fallé: la dejé sola. Pero es que hizo de su capa un sayo (te explico, según Wikipedia: actuar con absoluta libertad, sin dar cuentas a nadie de la potestad propia) y tras actuar como la mujer fuerte que es decidió que prefería esa faceta a la de viuda y madre solitaria. O  quizá fue que los dos papeles no los sabía compaginar... no lo sé. Yo creo que se puede ser viuda y madre y novia, si se saben hacer bien las cosas. Si se saben priorizar las cosas.
La cuestión es que primero a fuerza de su soledad –no la juzgo: acostumbrarte a vivir solo después de 40 años debe ser muy duro-  y luego tras desaparecer su novio, los reproches acabaron por congelar a la madre que tenía.
Ahora la conozco de otra manera y la respeto y quiero como mujer, pero como madre no puedo. Me ha costado mucho entenderlo, no te creas....  Le he dado mil vueltas a tu frase de “no la conocéis” y creo que tienes razón. Ni nosotros ni ella misma se conoce. Es una mujer generosa, inteligente e independiente. Tanto que cree con absoluta firmeza que el resto del mundo esta equivocado, y ella no. Y no duda en soltártelo a la primera de cambio. Le cuesta creer que de verdad adoro a "mis errores" y que me gusta la vida que vivo, que no la cambiaría por nada.

Es por esto que no puedo estar con ella más de dos copas de cava  sin que aparezcan las críticas, las recriminaciones..  el que no la entendimos ni apoyamos y que  por eso falló su vida y se fue su alegría (tu no, su novio. Ea! lo que hay que oir!!!!...). Ella cree firmemente en lo que dice. Y yo no. Yo ya no quiero volver a oírlo más, porque ya no me duele: me da la risa, y eso hace que me de miedo de mi misma.



Y aunque te dije que no, que yo no iría al cementerio, que eso es de viejas de pueblo y que yo no sirvo para esas cosas, no dejo de ir siempre que puedo y siempre que me necesitas.  Al principio, como todo, mis visitas eran más continuas. Ahora, después de los años solo voy cuándo noto que he de ir. No sé como, pero lo noto.

Allí subo hasta el  último peldaño de la escalera metálica más alta  y tétrica que he visto en mi vida y sin trazas de vértigo  -tanto como tengo normalmente, que hasta me cuesta tender la ropa en mi galería!-,  te limpio los detalles que los tuyos te hemos dejado sobre la reprisa cubierta por un tapete tejido de ganchillo rociado con lágrimas de mi hermana y te abrillanto el cristal, el mármol, las letras de tu nombre y las fechas,  y los jarrones de metal.  Y si es necesario cambio tus flores y las ornamento lo mejor que se: llevo mi bolsa con el “mossi”, las tenazas de mi marido y ala!:  a hacer ramos con los ramilletes de flores artificiales. Cómo las viejas de los pueblos, que solo me falta la bata, el delantal,  el pañuelo en la cabeza y las zapatillas en los pies. Quién me lo iba a decir a mi!!!.

Pero ¿sabes?: lo hago con gusto. Allí casi no hablamos a no ser que tenga algo importante que decirte. Allí mientras limpio rezo, como las viejas. Y doy gracias al cielo por ser Álvarez. Tan Álvarez como Leal. 

Y a solas, como si fuera algo vergonzoso,  siento orgullo de ti.

Así que ya ves: dos de tres.

Te he fallado en lo más importante, pero sé que no me lo tienes en cuenta, que a ti te hubiera pasado lo mismo. Si hubieses vivido los últimos diez años, lo hubieras visto.  Las dos primeras promesas eran muy difíciles de llevar a cabo, mucho.

Y aunque no las cumplí, creo que ha sido para mejor. Todos tenemos que soltar algo de lastre en la vida porque, aparte de hermanos e hijos, ahora nosotros  también somos padres. Y hay un momento en la vida en el que empieza a ser más importante lo que tu creas que lo que han creado los demás.

Y para que te quede muy claro: tu creaste una gran familia. Quizá no en número, pero si en calidad humana, en  AMOR con mayúsculas. Que a tus hijos aún se nos humedecen los ojos cuando hablamos de ti. Que tus yernos te siguen respetando. Que tus nietos no te olvidan y te quieren, que hasta el nieto que no te conoce sabe de ti!!!. Yo ya firmaba con dejar ese legado cuándo me vaya!

Y no lo dudes ni un momento: ven a verme siempre que puedas, adoro tu sonrisa. Cómo cuándo era niña.


1 comentario:

  1. La vida te da momentos buenos y malos.Fue muy facil para él irse y dejarte a tí tantas obligaciones que el no cumplió...no te sientas el mástil de un varco pues no lo eres además te cansastes pronto y nos dejaste a nuestro libre albedrío . Bién hecho así aprendimos a caminar solos y a valorar la vida .
    Cuando murió mi padre me enseño algo y es que yo no quiero morir así , como lo hizo él sin luchar por la vida , sin vivir.
    Y tú mi querida hermana quítate la mala conciencia ,vive feliz y cuando te sientas triste píntate una sonrisa , sal a vailar y disfruta que la vida es un carnaval y las penas se van cantando...

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