Dos grandes en el campo. Se promete una noche buena sin ser temporada navideña.
Uno quizá un poco crecido, porque cuándo continuamente te dicen que eres grande, porque realmente eres grande, acabas aunque no quieras por creértelo. El otro enfadado, rabioso.... entre ellos, cuándo están a solas, se dicen “es imposible ganar nada aquí...” . Yo con miedo: no se si saldrán a jugar a fútbol o a rematar a los que sobrevivieron la semana pasada.
El mosaico: perfecto. Se nota que es una de esas noches mágicas, especiales.
Los jugadores a punto de salir al campo. Los últimos saludos entre compañeros de selección. Los rezagados bajan la escalinata corriendo. Como mandan los santos cánones futbolísticos: primero los árbitros, ellos detrás... que ironía. Aquí también hay jerarquías, como en todos lados.
Calla la megafonía y el campo, lleno a rebosar, sigue cantando “Blau grana al vent, un crit valent, tenim un nom el sap tothom” ... me siento una de ellos y me estremezco aliando mi voz en silencio con las suyas: “BARÇA!, BARÇA! BAAAARÇA!!!”.
Apretones de manos sin mirarse, coreografía estereotipada de cortesía.
El Moc Moc, que comete un fallo garrafal que casi nos cuesta un gol. “Es normal, es humano...” me intento convencer. Pero: es que no hace ni dos minutos que están en el campo!!.
Están concentrados, se les ve. Paciencia. Tranquila Rosa...
Los otros, también.
Y empiezan a jugar a FÚTBOL. A ese fútbol que hace tantísimos años que no se les veía jugar. Nos miran de tu a tu, porque es un equipo grande, como nosotros. Entonces, poco a poco, se me van los miedos: no vienen a machacarnos, han venido a jugar. Y (coño!) están jugando bien.
Las típicas faltas de cada match de alto riesgo, el árbitro que perdona por igual en los dos bandos; los que escupen, los que corren, los que driblan,... Los: uy! casi..., los aplausos y los cánticos de rigor. El cañonazo a la escuadra, los dos goles que no me tranquilizan, (que soy culé y que aún ganando sufro!!!) La sonrisa tonta en mi cara. Sé que habrá gente que en este momento también sonríe acordándose de mi. Los míos siguen con sus cánticos de amor, pidiéndole que no se vaya del equipo (jajaja) y animándole a que salga del banquillo (jajajajaja) Cambios en el equipo rival, gente fresca. Hombres que comparados a mis niños hacen dos!. Más faltas, más caídas, más empujones, más manos: “pero que hacen!!!!” . Hasta chilenas hacen!!. Y el primer gol contrario.
Ellos que confían, nosotros que sufrimos. “Venga otro gol y ya está” pensamos todos. Nosotros para alejarnos. Ellos para pillarnos. Y las hadas se lo conceden a ellos. (“joías” hadas!!!)
Queda poco. Los locutores imparciales hasta entonces, empiezan a aflojar los nudos de sus corbatas, abren las solapas de sus trajes de vestir, al estilo Superman y empiezan a asomar las camisetas blancas . Se les nota. Se les siente.
Añaden tres minutos más. Y yo al borde del infarto. Como antes, sufriendo más de la cuenta por unos colores que no han dejado de darme alegrías. Desde mucho antes del “Dream Team” de mi Santo Hristo de mis entretelas. Cuándo de niña veía, comiendo pipas con mi padre, el partido del domingo por la tarde en nuestro piso de La Sagrera, medio enamoradilla del Tazan con bigote más guapo que he visto nunca.
Vuelvo a levantarme de la silla, DIOS! Que se acabe ya!!!! . Los míos perdiendo tiempo. Ellos arañando segundos y atacando.
PIT! PIT PIIIIIIT!!!!
Si.
Hemos ganado. Uffff!!!
Y hemos jugado a fútbol con el enemigo
JUGADO a FUTBOL!!!
Gracias, merengones, por una noche como la de ayer por la noche. Habéis hecho renacer mis votos de culé por unos cuántos años más. De culé de las de antes, de las que sufren aun en el minuto 45 ganando por la mínima.
Que hoy en día es muy fácil ser culé con el pep-dream.

No hay comentarios:
Publicar un comentario