miércoles, 11 de enero de 2012

Labor lætitia nosta”": “En el trabajo está nuestra alegría"



Ya ha pasado otro año.  Un año más vivido y cumplido.
Repasándolo y como contable que soy, ya lo he punteado, le he puesto el visto bueno y lo he archivado. Ha sido un año medianamente bueno. Sin beneficios, pero cerrado sin descuadres.

Lo difícil, creo que está por llegar. Tengo la sensación de que este 2012 va a ser duro... muy duro. Por todos los medios hay que intentar mantener el empleo porque pinta difícil el tema del trabajo. Lo jodido está cuándo resulta que tu jefe ya se ha jubilado. Y aunque la empresa va funcionando sin él (solamente viene un día a la semana a “despachar”), la crisis nos está tocando. No hundiendo, pero si tocando. Y mantener un negocio que no genere beneficios no lo hace nadie, por muy altruista que sea.

Son muchos los clientes nuestros que tenían micro-empresas. MiPYME que las llaman: micro, pequeñas y medianas empresas,  talleres de 4 o 5 trabajadores la mayoría,  muy típicos en Cataluña:  empresarios autónomos, sus parejas e  hijos y algún que otro empleado asalariado.
De éstos, de los pequeños empresarios que durante muchos años se han alimentado las arcas del estado a base de bombardearlos a impuestos y mandangas, cada vez quedan menos. Y los que quedan ya nos lo dicen: “si no cambia la cosa,  acabaremos cerrando...”.
Raro es no pasear por un polígono industrial y ver cada dos por tres naves con letreros de “se alquila” o “se vende”. Lo que le da vida a la sociedad, el trabajo, esta agonizando  por no decir muriendo.

Los que quedan abiertos aguantan a base de ser familia. A los trabajadores ajenos, empezaron a despedirlos hace ya un par de años. He hablado con grandes especialistas de mi sector (artes gráficas) currantes de manos rudas y ojeras de tanto madrugar,  que casi se han tenido que especializarse en fiscalidad, contabilidad y finanzas. Y si no, han tenido que pagar los servicios de gestores o asesores para poder cumplir con todas las legalidades que el mundo mercantil acarrea. Gente que quiere trabajar, que en un corto espacio de tiempo, en 10 o 15 años han ganado dinero,  pero que también han generado  puestos de trabajo. Gente que pasaron de ser empleados a empleadores allá a finales de los 70  y que han vivido las vacas gordas del negocio. Muchos de ellos aún en edad laboral, a corto plazo de jubilación. Asustados por el futuro del negocio familiar y angustiados porque saben que sus hijos no podrán tirar adelante

Luego están las grandes empresas, las multinacionales que te obligan a pasar por el tubo si quieres trabajar con ellas. Casi te obligan a pagar por trabajar!!. Un concepto que yo no entendía y que se ha vuelto muy común, por lo visto. Gente con la que no acabas de crear un lazo de contacto, porque continuamente se renueva. Van cambiando de departamentos y conforme ascienden/descienden, se vuelven más insoportables. Y sus secretarias se convierten en filtros de fino micraje que dificultan muchas veces mi trabajo.

Por suerte, mi jefe es un hombre emprendedor y cuándo hace años empezó a ver tambalearse el sector en Europa, empezó a tantear el mundo. Tenemos almacén en Casablanca y si no lo hemos abierto todavía en Egipto (ay! Egipto de mis amores, un día te iré a ver), es por la complicada situación política que están viviendo allí ahora.


Así que así estamos: bailando en la cuerda floja.

Años atrás no me hubiera importado: me hubiese comido el mundo, hubiese removido cielo y tierra para encontrar un  trabajo. Además no me importaba trabajar de lo que fuera: he sido camarera, charcutera, carnicera, panadera, y un montón más de oficios de los que acaban en “era”. O sea: pura y duramente currante.

Pero después de un accidente con un cuchillo tras una dura y muy larga jornada laboral en un supermercado, decidí que ya estaba bien, que necesitaba algo más “tranquilo”.  Reciclé mis estudios de Administración y busqué trabajo de “lo mío”.

Lo encontré y descubrí otra Rosa.

Descubrí que lo que más me gusta, lo que realmente me realiza, es el mundo de los negocios, el estrés de los números, los papeles, las carpetas y los ordenadores.  El timbre del teléfono sonando en mitad de un trabajo que requiere toda mi atención; un balance que no cuadra, mediar entre los trabajadores y el jefe; las facturas con precios erróneos: llamar al proveedor o al cliente y arreglar el tema. Los cambios y fluctuaciones de la moneda, los stand-by, el yen el dólar, las conversaciones en inglés macarrónico con chinos, japoneses, indios, alemanes. Mi poquito francés con secretarias de voz de cascabel de Casablanca. La responsabilidad trimestral fiscal contable y administrativa... 
Si. Son ocho horas al dia en las que realmente me siento bien. Mis mejores horas. Las más activas.
Y lo “peor” es que cuánto más estrés haya, más disfruto en mi trabajo

Claro, que eso pasa factura. Conforme el día se va acabando, yo voy apagándome con él. Ya no tengo treinta años, y los cuarenta se me empiezan a quedar muy atrás. Una empieza a notar en la espalda el peso de la vida, y el llevarse las responsabilidades a casa. 

Así que, si pasara algo, creo que me costaría mucho, mucho, empezar de nuevo, empezar de cero.  Llevo tanto tiempo en esta empresa, que ya me conocen de sobras: no he de estar demostrando lo que soy y lo que hago, ya lo saben.

Pero lo dicho, tal y como están las cosas...

Pero bueno. No me voy a anticipar a los acontecimientos. Lo que tenga que ser será. Y mi propósito de este año 2012 es apartarme de los malos rollos. Así que ahora mismo me aparto de este pensamiento negativo. Adiós!!





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