lunes, 28 de mayo de 2012

28 de mayo 2012....47 tacazos!!!!



2

8 de mayo…Un año más –que rápido pasa la vida!-  Cuántas cosas nuevas vividas en estos 365 días que se quedarán para siempre conmigo: nuevos amigos, nuevos libros, nuevas canciones…  nuevos amaneceres.

Sigo sintiéndome joven, aunque los jóvenes  ya me miran raro y alguno (bueno, varios...) ya  me hablan de “usted”.

 Tengo tantas ganas de comerme el mundo a manos llenas, de morderlo como a una fruta madura y jugosa,  que “regalime” en mi boca,  chuparme los dedos y reír y disfrutarlo!

Sobretodo de reír!!! Tengo tantas ganas de reír!!!

Sigo teniendo ganas de bailar como una loca, y cuándo nadie me ve lo hago. Y de gritarle al mundo que sigo viva, que he cumplido otro …y los que me quedan!!!!. Que como dice mi Fito: “aún me queda media vida pa’encontrar la melodía”.

46, habéis sido un buen año. Lo malo ya lo tengo todo olvidado (no sería tan malo) y a lo bueno le pongo cinco estrellas: un notable alto!

Gracias Vida, por permitirme seguir a tu lado.

Venid a mi sin miedos 47, que vamos a disfrutarlo. Que este año quiero pasarlo todo entero junto a ti  riendo, cantando y bailando!!!!








jueves, 24 de mayo de 2012

Antonio.

Me pediste permiso para ser mi amigo
y te lo di
Hablamos horas y horas
sin palabras
sin miradas,
sin sentir.                            

Poco a poco conocí tu vida
y tu la mía
Tus gustos, tu infancia, tu mundo
tus triunfos y algún que otro tormento


No te importa el que dirán,
vienes ya de vuelta:
Una infancia feliz
-como la de todos-
Una juventud guerrera y
una madurez perfecta:
padre, hijo, esposo, amigo

...pero sigues buscando estrellas brillantes
en tu cielo borrascoso.                          


La vida te ha golpeado
no solo tres veces
sino cientos.
Y de cada golpe has aprendido
que en la vida se vive,
que con lo bueno se ríe
y si hay que llorar
al carajo!: se llora sin remordimientos!!

...eso si:
sin que nadie te vea:
no sea que descubran
que aún eres frágil por dentro

Poco a poco conocí tu vida
y tu la mía                                            
Y así, a fuego lento,
se fue cociendo en el horno del alma      
la amistad, y  la ternura                                 
que por ti siento.


Rosa Rosae, diciembre 2011

 

 


miércoles, 23 de mayo de 2012



Como dentro de unos dias es mi cumple, y llevo unos días un poco raros, la semana pasada pasé por el gabinete de mi esteticista y decidí hacerme un regalo.  Bueno, en realidad han sido dos: una  higiene facial, para preparar la piel de cara al veranito (que ya mismo estoy en la playa como los lagartos boca arriba) y un masaje relajante.



Cuándo ha terminado con la higiene, ha encendido dos velas, una lámpara de sal y me ha preguntado que tipo de música quería oír mientras me daba el masaje. Le he dicho que me era indiferente, mientras fuera suave y ella  ha  elegido a Il Divo. En cuánto ha empezado a sonar el “Regresa a mi” he pensado: -Mierda…. Vaya escandalera de tíos gritando ahora. Debería haberle pedido Chill –out ibicenco”-. …Pero me he dejado llevar… ella es una tía con clase y con gusto, si ha puesto esta música será por algo…

El aroma y la sensación del aceite caliente en mi espalda, la quietud de la luz de las velas y las manos mágicas de mi esteticista han conseguido relajarme enseguida, cosa no muy difícil después del masaje facial y la mascarilla de aloe vera y menta  que acababa de recibir (no pienso contaros lo doloroso que es que te hurguen en la piel para hacer desaparecer los puntos negros…. )
 Mientras de fondo, muy flojito iba oyendo los lamentos de cuatro hombres rogando:  “perdóname, te necesito,  te voglio benne, por ti viviré” y todas aquellas cosas que a mi nunca me han dicho. Y menos en ese tono tan varonil  (“baritonil “debería escribir, pero no creo que exista el término).
Así que me he dejado llevar, como siempre, por esa imaginación mía que me lleva por la calle de la amargura y durante la media hora larga del masaje, mientras unas manos sabias  sabían lo que tenían que hacer, he viajado a Roma, cenado a la luz de velas en una terraza cercana a algún Duomo o a alguna Fontana , y cuatro varoniles italianos, voz en grito y con una rosa roja en la mano, han  suplicado mi cariño… 
Si.  Realmente ha sido un muy buen regalo de cumpleaños.






viernes, 4 de mayo de 2012

Primer domingo de mayo. Dia de la Madre.




Recuerdo que esa semana cumplía 18 años. Por fin iba a ser mayor de edad! Por fin iba a poder salir de noche, iba a tomar mis propias decisiones, iba a ser adulta ante la ley y ante mis padres!!. Llegaba a la ansiada edad de poder hacer de una vez –por fin!!!-  lo que yo quisiera hacer…

Compré una botella de cava y fui a celebrarlo al Mercado Municipal, junto a mis compañeras de la charcutería. Entrar a la plaza se convirtió en el presagio de que algo raro me pasaba. Me mareé solo entrar… aquél olor de la carne, del pescado, de la fruta, que tan familiar  me era esa mañana me repelió de una manera extraña, muy extraña.  Ni siquiera compartí el cava con ellas. Salí de la plaza que no era yo,  fuera de mi, desplazada en mi espacio tiempo. Mi cabeza me repetía algo que me asustaba oír. Yo me decía a mi misma: “No ahora no…Hoy es mi cumpleaños, mi 18 cumpleaños. Ahora no…, hoy no”

Aquéllas náuseas no eran de gastroenteritis, ni de haber comido algo en mal estado… Aquella sensación extraña yo sabía que era desde el primer momento.

Semanas atrás, al hacer el amor con mi novio, noté algo diferente… Mucha gente me ha dicho que es algo imposible. Imposible, pero yo  lo supe: aquella tarde de primavera, en la casa de abajo,  en nuestro sofá rojo, noté que me había quedado embarazada.  No fue una sensación física, (a mis 18 ya las había notado todas: las habidas y por haber…). Ni espiritual. Pero lo noté. Noté como se anclaba en mí la vida.

Llegar a casa descompuesta, envuelta en sudor frío y con aquellas benditas náuseas que no desaparecían; tumbarme en mi cama, entrar mi abuela en la habitación, tocar mi frente –igual que hacía cuándo de niña  me sentía mal-  y preguntarme “¿no estarás embarazada?” y romper a llorar como una Madalena, fueron unas escenas que recuerdo haberlas vivido desde fuera de mi, como si yo no fuese la protagonista de la historia.

Luego todo fue muy rápido: un predictor junto a mi chico,  una conversación con mis padres, con los suyos. Lágrimas y lágrimas, miles de litros de lágrimas vertidas desde que me levantaba hasta que el llanto me vencía de madrugada. Porque no entendía nada: era mi cumpleaños mi mayoría de edad, por que era la hermana mayor, porque era la responsable,  porque quería seguir estudiando, porque él ni siquiera era mi novio – ni  me había pedido para salir!-. Porque sabía de los comentarios hirientes que harían sobre mi, sobre los míos…

Una boda algo triste en el mediodía más caluroso del mes de julio,  y un primer aviso: al quitarme el vestido de novia y entrar en la ducha sangré. Que sola me sentí en aquella ducha. Recé. Recé como nunca lo había hecho. Necesitaba que él me oyera:  “… Dios, Tu has de entenderme… todos mis porqués son sobre mi,  todos mis miedos y mis dudas son sobre mi y mi vida, pero a este bebe le amo. Lo necesito… ahora no me lo puedes arrebatar. Dios no me lo quites, por favor”


Días de médicos, de fríos potros, enfermeras sonrientes, ecografías, hemorragias, de reposos absolutos. De placentas previas posteriores, de dudas y temores…. “lo tienes prendido de un hilo, un movimiento brusco y lo pierdes”…


No. No lo iba a perder. Le hablaba a cada momento. Creé un lazo de luz entre él y yo. Una cadena de amor. Yo sabía que sería “el” de la misma manera que supe “cuándo”. A solas en mi cama le canté todas y cada una de mis canciones. Le conté todo lo que haríamos juntos. Le conté mis secretos más íntimos  porque si iba a ser su madre, tenía que conocerme tal y como soy.  Y le prometí mi vida entera si él nacía.


Y una hermosa mañana de Reyes nació. El día más mágico del año, el Rey Gaspar  con barbas, corona y capa incluida, como si de un cuento de Navidad se tratase, me dio mi presente.  Verle y amarle no fue posible... le amaba desde el día que lo noté dentro de mi, casi nueve meses antes

Desde entonces,  cuándo me viene algún bajón, solo he de mirarle y cambiar mis porqués por:  por él.  Que orgullosa me hace sentir siempre!

Gracias a él soy madre.

No podría ni quisiera ser  ninguna otra cosa en este mundo más que lo que soy: la MADRE de mi hijo.

.