Recuerdo que esa semana
cumplía 18 años. Por fin iba a ser mayor de edad! Por fin iba a poder salir de
noche, iba a tomar mis propias decisiones, iba a ser adulta ante la ley y ante
mis padres!!. Llegaba a la ansiada edad de poder hacer de una vez –por fin!!!- lo que yo quisiera hacer…
Compré una botella de cava y
fui a celebrarlo al Mercado Municipal, junto a mis compañeras de la
charcutería. Entrar a la plaza se convirtió en el presagio de que algo raro me
pasaba. Me mareé solo entrar… aquél olor de la carne, del pescado, de la fruta,
que tan familiar me era esa mañana me
repelió de una manera extraña, muy extraña. Ni siquiera compartí el cava con ellas. Salí
de la plaza que no era yo, fuera de mi,
desplazada en mi espacio tiempo. Mi cabeza me repetía algo que me asustaba oír.
Yo me decía a mi misma: “No ahora no…Hoy es mi cumpleaños, mi 18 cumpleaños. Ahora
no…, hoy no”
Aquéllas náuseas no eran de
gastroenteritis, ni de haber comido algo en mal estado… Aquella sensación
extraña yo sabía que era desde el primer momento.
Semanas atrás, al hacer el
amor con mi novio, noté algo diferente… Mucha gente me ha dicho que es algo
imposible. Imposible, pero yo lo supe:
aquella tarde de primavera, en la casa de abajo, en nuestro sofá rojo, noté que me había
quedado embarazada. No fue una sensación
física, (a mis 18 ya las había notado todas: las habidas y por haber…). Ni
espiritual. Pero lo noté. Noté como se anclaba en mí la vida.
Llegar a casa descompuesta,
envuelta en sudor frío y con aquellas benditas náuseas que no desaparecían; tumbarme en mi cama,
entrar mi abuela en la habitación, tocar mi frente –igual
que hacía cuándo de niña me sentía mal- y
preguntarme “¿no estarás
embarazada?” y romper a llorar como una Madalena, fueron unas escenas que
recuerdo haberlas vivido desde fuera de mi, como si yo no fuese la protagonista
de la historia.
Luego todo fue muy rápido:
un predictor junto a mi chico, una
conversación con mis padres, con los suyos. Lágrimas y lágrimas, miles de
litros de lágrimas vertidas desde que me levantaba hasta que el llanto me
vencía de madrugada. Porque no entendía nada: era mi cumpleaños mi mayoría de
edad, por que era la hermana mayor, porque era la responsable, porque quería seguir estudiando, porque él ni
siquiera era mi novio – ni me había
pedido para salir!-. Porque sabía de los comentarios hirientes que harían sobre
mi, sobre los míos…
Una boda algo triste en el
mediodía más caluroso del mes de julio,
y un primer aviso: al quitarme el vestido de novia y entrar en la ducha sangré.
Que sola me sentí en aquella ducha. Recé. Recé como nunca lo había hecho.
Necesitaba que él me oyera: “… Dios, Tu
has de entenderme… todos mis porqués son sobre mi, todos mis miedos y mis dudas son sobre mi y mi
vida, pero a este bebe le amo. Lo necesito… ahora no me lo puedes arrebatar.
Dios no me lo quites, por favor”
Días de médicos, de fríos
potros, enfermeras sonrientes, ecografías, hemorragias, de reposos absolutos.
De placentas previas posteriores, de dudas y temores…. “lo tienes prendido de
un hilo, un movimiento brusco y lo pierdes”…
No. No lo iba a perder. Le
hablaba a cada momento. Creé un lazo de luz entre él y yo. Una cadena de amor.
Yo sabía que sería “el” de la misma manera que supe “cuándo”. A solas en mi
cama le canté todas y cada una de mis canciones. Le conté todo lo que haríamos
juntos. Le conté mis secretos más íntimos
porque si iba a ser su madre, tenía que conocerme tal y como soy. Y le prometí mi vida entera si él nacía.
Y una hermosa mañana de Reyes nació.
El día más mágico del año, el Rey Gaspar con barbas, corona y capa incluida, como si de un cuento de Navidad se
tratase, me dio mi presente. Verle y
amarle no fue posible... le amaba desde el día que lo noté dentro de mi, casi
nueve meses antes
Desde entonces, cuándo me viene algún bajón, solo he de
mirarle y cambiar mis porqués por: por
él. Que orgullosa me hace sentir
siempre!
Gracias a él soy madre.
No podría ni quisiera ser ninguna otra cosa en este mundo más que lo que soy: la MADRE de mi hijo.
.

Hola Rosa: Qué bonito, me has emocionado, con que sensibilidad lo cuentas y me parece que el hecho de haber conseguido que todo fuera bien, a pesar de los problemas te ha hecho la mujer más feliz del mundo; enhorabuena de verdad, disfruta del mismo siempre, y muchas gracias por ser mi amiga tan especial, muchos besos
ResponderEliminar