miércoles, 23 de mayo de 2012



Como dentro de unos dias es mi cumple, y llevo unos días un poco raros, la semana pasada pasé por el gabinete de mi esteticista y decidí hacerme un regalo.  Bueno, en realidad han sido dos: una  higiene facial, para preparar la piel de cara al veranito (que ya mismo estoy en la playa como los lagartos boca arriba) y un masaje relajante.



Cuándo ha terminado con la higiene, ha encendido dos velas, una lámpara de sal y me ha preguntado que tipo de música quería oír mientras me daba el masaje. Le he dicho que me era indiferente, mientras fuera suave y ella  ha  elegido a Il Divo. En cuánto ha empezado a sonar el “Regresa a mi” he pensado: -Mierda…. Vaya escandalera de tíos gritando ahora. Debería haberle pedido Chill –out ibicenco”-. …Pero me he dejado llevar… ella es una tía con clase y con gusto, si ha puesto esta música será por algo…

El aroma y la sensación del aceite caliente en mi espalda, la quietud de la luz de las velas y las manos mágicas de mi esteticista han conseguido relajarme enseguida, cosa no muy difícil después del masaje facial y la mascarilla de aloe vera y menta  que acababa de recibir (no pienso contaros lo doloroso que es que te hurguen en la piel para hacer desaparecer los puntos negros…. )
 Mientras de fondo, muy flojito iba oyendo los lamentos de cuatro hombres rogando:  “perdóname, te necesito,  te voglio benne, por ti viviré” y todas aquellas cosas que a mi nunca me han dicho. Y menos en ese tono tan varonil  (“baritonil “debería escribir, pero no creo que exista el término).
Así que me he dejado llevar, como siempre, por esa imaginación mía que me lleva por la calle de la amargura y durante la media hora larga del masaje, mientras unas manos sabias  sabían lo que tenían que hacer, he viajado a Roma, cenado a la luz de velas en una terraza cercana a algún Duomo o a alguna Fontana , y cuatro varoniles italianos, voz en grito y con una rosa roja en la mano, han  suplicado mi cariño… 
Si.  Realmente ha sido un muy buen regalo de cumpleaños.






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