miércoles, 29 de junio de 2011

Consejo: Del lat. consilĭum: Parecer o dictamen que se da o toma para hacer o no hacer algo


Consejos.
Hasta hoy no he sabido porqué, pero siempre he sido muy reacia a seguir los consejos que a lo largo de mi vida he recibido.  Sólo recuerdo uno, el de mi abuelo el día de mi boda, mientras me besaba emocionado y  con su boina a punto de caer y  la voz rota me decía al oido: “Pórtate siempre como una mujer” .

Curiosamente esas fueron las mismas palabras que me dijo mi padre, también con la voz temblorosa y acompañadas del característico carraspeo que utilizaba cuándo se emocionaba, mientras salíamos de casa hacia la Iglesia. Y ése “como una mujer”, que  he recordado mil veces a lo largo de los años, con el tiempo he entendido perfectamente a que se refería.

La manida frase de “yo no soy quién para darte consejos, pero .....”  me la han regalado en bastantes ocasiones.  Y acto seguido el “sé que no te va a gustar lo que te voy a decir... “,  también.  Joder!, pues si no eres quién y no me va a gustar: no me lo digas.

Un consejo considero que ha de servir para ayudar a buscar el interruptor de la luz cuándo estas metido en una nube de humo negro.  Para ayudar a buscarlo, no para que te enciendan de golpe 27 cañones de luz en la cara.

Son muy pocas las personas que me piden un consejo. Y hoy me he dado cuenta de que son las personas que más quiero.
Y ante el temido “Rosa, ¿qué hago?”, yo siempre he intentado mimetizarme con la persona que me hacía la pregunta y ser honesta en la respuesta;  la  mayoría de veces les miro a los ojos y les digo: “tu ya sabes lo que has de hacer” y entonces, aprovecho y  añado el: “pórtate siempre como un hobre/mujer”, que a mi tanto me ha ayudado en los momentos difíciles.

Hoy, al leer un buen consejo que le han dado al ser que más quiero en este mundo,  me he dado cuenta de porque yo casi nunca sigo los consejos que me han dado (excepto el del día de mi boda) : porque las personas que me los han dado, no se han mimetizado conmigo, no se han metido en mis entrañas  y sobre todo: porque no me han querido. Y para dar/recibir un consejo, eso es lo más importante.






miércoles, 22 de junio de 2011

Contractura muscular chiquistaní.



 
Creo en el equilibrio mente-cuerpo. Con los años, he aprendido a conocerme. Sé que cuándo la vida me sonríe, no suelo tener dolores. Quizá parezca absurdo pero es cierto: así funciono.

Y por esa simple regla de tres, me ocurre lo mismo al contrario: cuándo mi mente emana  “humo negro”, mi aura anaranjada tiende a oscurecerse y  no tardan mucho en acudir a mi dolores físicos, especialmente de tipo muscular.

Siempre están los consabidos accidentes: no se puede hacer nada si el destino pone ante los dedos de tus pies a una velocidad incontrolada la pata de la cama o la esquina de un mueble; o cuando el acero de un cuchillo afilado  corta algo más que las verduras... Pero no me refiero a ese tipo de dolor.

Tampoco al que me provoca el vicio postural que me ha provocado medir casi 1,80 de altura.  Con doce o trece años ya medía lo mismo que ahora, y para disimular mi estatura,  tengo tendencia a “encogerme” y a “curvarme” hacia dentro.

Además cuándo voy a contracturarme lo voy notando poco a poco, me voy llenando como una algo recargable, en tres fases: primero gramo a gramo voy notando el peso del mundo en mis cervicales, luego la falta de un aire casi imperceptible en mis pulmones, pero que noto que  falta un pelín para que se llenen hasta el fondo. Luego viene por el motivo más absurdo o más importante una bronca descomunal (tanto da si es en el trabajo, o con algún familiar o allegado... la cuestión es que haya una buena bronca) y BINGO!!: a los días aparece el dolor físico.

Últimamente es mi espalda. Me estoy convirtiendo en una especie de clon de Chiquito de la Calzada, pero sin saber contar chistes. Mi mano izquierda apoyada en la parte de atrás de la cadera y un caminar a pasos chiquitines mientras que con la mano derecha voy apoyándome dónde puedo y diciendo “no puedorl, no puedorll, jurl!!!...."

Claro que entonces me doy cuenta de que  hay gente que se preocupa por mi: son pocas las llamadas telefónicas y menos los brazos que me dejan que me apoye en ellos. Pocas pero importantes, tanto las llamadas como los brazos.
Y empiezo a cargarme de las cosas buenas que tengo y que aunquea veces no las vea siempre están ahí  y que me acompañan en todos mis estados fís/psíquicos. Y poco a poco el dolor desaparece y renace en mi el naranja más cálido e intenso que uno pueda imaginar.

Y como no, cual número infinito y como me conozco, cuándo estoy un poco mejor me voy  preparando para la próxima recaída.



jueves, 16 de junio de 2011

¿Nos están engañando?

Leo las noticias en varios diarios de hoy  y es como que hay dos bandos. los buenos: llevan traje y corbata y alguno de ellos llega al trabajo  en helicóptero y venden que “nos representan”, y los malos: esos greñudos marijuaneros antisociales y antisistema que no quieren trabajar y van en bici o en metro.

¿Cómo cambiar el sistema? Es muy difícil  porque está montado para que solo se pueda ganar por las urnas. Y la mayoría de gente de la calle ya no cree en esta democracia y NO VOTAN. Ya les puedes decir que es la única manera, que no, que pasan.  Es como intentar que entre a misa un ateo bautizado.

Necesitamos un cambio, pero en los años que llevamos votando, el cambio ha sido para peor. Nos sentimos engañados por los prevaricadores, por los estafadores, por los que pillan el escaño y clavan allí sus uñas y no lo dejan ni muertos (una silla en esos sitios es una serie de ventajas mil veces mayor que un premio de “los ciegos”: sueldo, primas, Visas, comisiones, jubilación... ) Gente que no solucionan nada, y que lo único que hacen es estrecharos más el cinturón. Y a los cabreados o indignados, me da igual somos ramas del mismo arbol, ya se nos ha pegado el ombligo a los riñones.

Y así, con este sistema electoral,  siempre ganan los mismos: “los buenos”.

Si, lo creo firmemente. Me están engañando. Sólo hay que ver el video... Y verlo sin prejuicios, tal y como esta grabado: un grupo de jóvenes que gritan y un grupo de policías antidisturbios. De antemano sabemos quién ganará.

Y camuflados entre mis “greñudos marijuaneros antisociales y antisistema” un grupito de cachitas con pinganillo esperando que venga mamá a buscarles. 
Supongo que pensaron que a los primeros disparos la “chusma” se revelaría y así podrían cargar contra ellos. Us ha sortit malament la jugada, nois.....

Por cierto: gracias por grabar las imágenes, por pegarnos los enlaces en los comentarios de sus periódicos, por dejarnos ver la otra parte de la realidad lo que no sale en la tele. Y gracias por decir en voz alta lo que yo no me atrevo a manifestar: QUE NO, QUE NO, QUE NO NOS REPRESENTAN!!!!

Porque por supuesto, también hay canales de información para los buenos y para los malos. Solo hay que leer prensa, ver televisión o buscar información en Internet, enseguida se da uno cuenta de quién barre para quien... Con la diferencia que  lo de los “buenos” lo estamos sufragando los “malos”.

Nos dicen:
A los ciudadanos, se llamen a sí mismos indignados o no, les asiste el derecho a mostrar su opinión también en público, y a manifestarse. Pero se sitúan al otro lado de la legalidad cuando impiden ejercer sus derechos a los demás; máxime si, como está pasando hoy en Catalunya, se trata de evitar por la fuerza que el Parlament democrático se reúna para cumplir con su obligación o se boicotea la tarea de los medios de comunicación”

pero yo leo:Ciudadano indignado: ya puedes gritar, ya. Que nosotros haremos lo que nos dé la gana. Manifiestate, pero con la cabeza gacha, porque estás al otro lado de la legalidad, pisando la línea roja. Yo te impido ejercer tus derechos, máxime porque yo mando en Catalunya. Como no lo hagas por la fuerza, nadie te escuchará en el Parlament, así que reúnete e intenta cumplir con tu obligación, si es que puedes. Os boicotearemos con los medios  de comunicación a nuestro lado”

Y temo el final de esta etapa: lo he leído en muchos libros que hablan de historia (sobre todo sudamericana) para sospechar que pasará: cuándo el pueblo se revela, cuándo el político es corrupto, aparece un “salvador” que hasta ahora entonces ha  estado callado y que intentará acabar con los malos...

Tan solo espero que ese “salvador”  no lleve uniforme, ni banderas, ni armas y que siga adormitado...  y sobretodo sobretodo: que tenga claro quién son los malos porque si no “agarrémonos los machos”.

viernes, 10 de junio de 2011

It's raining again...

 

Llueve.
Lleva toda la semana lloviendo.
Entre la astenia primaveral, los malos humores y esta maldita lluvia cada día me cuesta más levantar el ánimo.

Tengo un carácter que, por naturaleza, huye de la tristeza. Huye de los malos rollos (porque me provocan dolores físicos: mal de cabeza, falta de aire al respirar, dolor de estómago, alteraciones del sueño...). Intento mantener siempre el equilibrio, cueste lo que cueste.

La importancia de no dejarse dominar por un sentimiento, sea el que sea, es lo que me permite tirar hacia delante. Me estresa un exceso de buen rollo: la gente “flower-power” no me inspira confianza.... algo ocultan.  Y me deprime el día a día; solo hay que leer la prensa diaria: ahora quieren volver a subir el IVA!!!!  (cómo diría mi amigo en las ondas, en Jordi Mohamed de “la Competència” en RAC 1: “se’ns pixen a la boca!!!!!!”)

Pero no dejo que ninguno de los dos extremos me domine. Hace tiempo que dejé de reír a carcajadas y de llorar a mares

Una vez escribí que soy capaz de encontrar pareja, o sea, una virtud para cada uno de los siete pecados capitales.  Tras mucho pensar, me sentí orgullosa de lo escrito. Con el tiempo lo encontré detallado en el Wikipedia. Seguro que era algo que aprendí en mis clases de catecismo de cuándo era niña y lo tenía oculto en un rincón de mi mente.... Y yo que creí haber descubierto “la sopa de ajo”....

Así que una vez “recordado”, lo tomé como base de mi sistema de vida. Cuánto más por culo me dan, más hondo respiro.
Y aunque, como humana que soy, a veces la bocanada de aire expirado sale de mi como un volcán en erupción, nunca llego a contaminar los ríos con mis cenizas ni a paralizar el espacio aéreo...
Ea, debe ser que llueve. Y que tengo astenia primaveral. Y que no “gano pa bullas”... pero se me está hundiendo el ánimo.
Voy a poner la radio. Los Oscars me animarán, seguro.


              Necesito equilibrarme. .....Ommmmmm....

       






miércoles, 8 de junio de 2011

Cuidado!!! que vienen curvas....



Bueno!!! Por fin!!! Llegó el dia esperado!!!
Me gusta el refrán que dice “la mejor venganza: esperar a ver pasar el cadáver de tu enemigo por la puerta de tu casa”. Y creo que he visto pasar ante mi el ataúd de las tallas 36!

Una revista de las de más renombre y pedigrí en el mundo de la moda, ha puesto en la portada  de su edición italiana a mujeres-mujeres con pechos generosos, caderas redondeadas, grandes muslos, marcadas barriguitas... Mujeres con curvas y extravagantemente sexys. Mujeres generosas, de hombros carnosos y a las que no les sobresalen los huesos ni de las caderas, ni de las costillas, ni de las clavículas.  Mujeres a las que les sienta de fábula tener el peso que tienen. Mujeres de las que no entran en las tallas estándares de los "pronto modas" de los centros comerciales.

Vistas las fotografías y el making of, solo me queda decir: BELLAS! Y además con acento italiano, que suene así: “bel.las”.

Dudo que ninguna persona en su sano juicio tenga ninguna duda a la hora de valorar en positivo la belleza entre ellas y las anoréxicas que desfilan en las grandes pasarelas del mundo. Y son -somos- muchísimas más las mujeres   que nos acercamos a éste canon de belleza exuberante que al de las super-super divinitys newyorkinas: delgadas y blanquecinas. Así que por favor, a quién corresponda: no lo dejen como una portada más y conviértanlo en una filosofía de vida. Por el bien de nuestras hijas.

Las mujeres de hoy en día ya tenemos  bastante con trabajar, sacar hacia delante a una familia, ser madres, esposas, amigas..., formarnos intelectual y físicamente, etc etc,  para encima tener que estar pendientes de los kilos de más.  Y no hablo de “pasar de todo” y cruzar la frontera de la obesidad, sobre todo si ello trae consigo problemas de salud,  pero yo misma he vivido en mis propias carnes –nunca mejor dicho-  el sentir la dureza de no entrar en el canon de las tiendas de ropa de moda en las tallas 36 (vamos... ni de coña) pero tampoco en una 40, ni una 42... cuándo son mis tallas habituales de pantalón. Y me he sentido “gorda” cuando en alguna ocasión  al ir a comprarme un bikini y  pedir una talla 95 B de pecho alguna dependienta joven y descarada me ha contestado que “tallas tan grandes no tienen”.

Así que GRACIAS Tara, Candice y Robyn por destaparos y mostrarnos que soy MUJERES espectacularmente hermosas, y demostrar ante el mundo que unos senos voluptuosos, un muslo redondeado y la curva carnosa de una cadera son muy, muy, muy sexys.






 


viernes, 3 de junio de 2011

De la mente a los Templarios (pasando por mi niñez)




Ayer nos encontramos con un amigo de mi marido al que hace unos 10 o 15 años que no veíamos. Y hablando de cosas banales de la vida, soltó una frase con la que yo estoy completamente de acuerdo: “la mente no envejece, yo pienso igual que cuando tenía 20 años”.

Que gran verdad. 

Ya he cruzado los 45 y veo los 50 a la vuelta de la esquina, pero me sigo sintiendo joven y activa. Y aunque cuide mi alimentación de la manera más sana y natural posible, y haga deporte y tenga hobbies activos, y etc etc etc,   mi cuerpo sigue un proceso degenerativo que no lo puede parar el tiempo.  Sé que es natural, que vivir envejece, pero hay una parte de mi que parece revelarse contra ese proceso, que va a un ritmo de envejecimiento muchísimo más lento: mi mente.

Si que es cierto que con los años reafirmas el carácter; digo, siento y vivo las cosas de una manera diferente: más segura y más firme que cuándo tenía veinte años. Debe ser por la experiencia acumulada, porque me he caído y levantado muchas veces a lo largo de tantos años y ya sé que es lo que me hace caer...

Pero sigo cometiendo los mismos errores de cuando era niña. Y sigo teniendo los mismos miedos, las mismas dudas, los mismos anhelos y sueños. Sigo esperando los acontecimientos importantes con la misma ilusión con la que esperaba hace cuarenta años la llegada de los Reyes Magos. Sigo sin ser capaz de decir todo lo que siento, por miedo a que me castiguen sin salir a la calle. Sigo siendo la misma niña prudente a la que enseñaron a mirar a los dos lados de la acera antes de cruzar por si venía algún coche. Y aunque la calle sea de una única dirección hoy en día sigo mirando a los dos lados...

Y aunque vivo hace años con un Príncipe Azul (pero no en un cuento de hadas), sigo esperando  -como cuándo era una niña-  a que vuelva de las Cruzadas del lejano Jerusalén  un guerrero que ya esté de vuelta de todo, cansado de lo vivido y deseando llegar a su palacio a reposar. Que baje de su caballo, clave sus ojos sinceros en mi y me diga: “Tranquila mi Señora, ya estoy aquí.  He tardado en venir, pero  partir de hoy ya no te has de preocupar por nada. Por nada...”

Y dejar envejecer mi cuerpo serenamente junto a mi mente en un remanso de paz y tranquilidad eterna.