Y por esa simple regla de tres, me ocurre lo mismo al contrario: cuándo mi mente emana “humo negro”, mi aura anaranjada tiende a oscurecerse y no tardan mucho en acudir a mi dolores físicos, especialmente de tipo muscular.
Siempre están los consabidos accidentes: no se puede hacer nada si el destino pone ante los dedos de tus pies a una velocidad incontrolada la pata de la cama o la esquina de un mueble; o cuando el acero de un cuchillo afilado corta algo más que las verduras... Pero no me refiero a ese tipo de dolor.
Tampoco al que me provoca el vicio postural que me ha provocado medir casi 1,80 de altura. Con doce o trece años ya medía lo mismo que ahora, y para disimular mi estatura, tengo tendencia a “encogerme” y a “curvarme” hacia dentro.
Además cuándo voy a contracturarme lo voy notando poco a poco, me voy llenando como una algo recargable, en tres fases: primero gramo a gramo voy notando el peso del mundo en mis cervicales, luego la falta de un aire casi imperceptible en mis pulmones, pero que noto que falta un pelín para que se llenen hasta el fondo. Luego viene por el motivo más absurdo o más importante una bronca descomunal (tanto da si es en el trabajo, o con algún familiar o allegado... la cuestión es que haya una buena bronca) y BINGO!!: a los días aparece el dolor físico.
Últimamente es mi espalda. Me estoy convirtiendo en una especie de clon de Chiquito de la Calzada, pero sin saber contar chistes. Mi mano izquierda apoyada en la parte de atrás de la cadera y un caminar a pasos chiquitines mientras que con la mano derecha voy apoyándome dónde puedo y diciendo “no puedorl, no puedorll, jurl!!!...."
Claro que entonces me doy cuenta de que hay gente que se preocupa por mi: son pocas las llamadas telefónicas y menos los brazos que me dejan que me apoye en ellos. Pocas pero importantes, tanto las llamadas como los brazos.
Y empiezo a cargarme de las cosas buenas que tengo y que aunquea veces no las vea siempre están ahí y que me acompañan en todos mis estados fís/psíquicos. Y poco a poco el dolor desaparece y renace en mi el naranja más cálido e intenso que uno pueda imaginar.
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